Conversaciones con Bingo Prohibido prohibir y otras ternuras:
Esta mañana, cuando amanecía y llegaba a la portera canadiense que permite el acceso a la dehesa —impidiendo a la vez que salga el ganado que pasta en ella—, mirando hacia el este se veía la silueta de la iglesia de Guijo de Coria y el depósito elevado que, de no saber qué es y su utilidad, podría pensar que se trataba de un ovni que reflejaba sus brillos metálicos por el sol.
Según me contaron, Bingo, lo construyó la empresa de una amiga, e incluso recibió un premio.
Mirando hacia el poniente, la laguna —que va notando cómo se consume su agua por la multitud de vacas que sacian su sed y enfrían sus pezuñas— en ese agua te gusta jugar y beber con esa lengua tuya y su movimiento singular.
Más al fondo vuelve el verde de los regadíos; antes maíz, y hoy empiezan a ser almendros, pistachos y olivos de alta producción que esquilmarán el agua y el suelo.
En un poste, impasible e inmóvil, un águila pescadora espera pacientemente a que alguna tenca, o más probablemente alguna carpa, se le ponga a tiro.
Bingo, el ave parece que forma parte de un cartel en el que seguramente pondría que está prohibido pescar, o algo parecido.
A mí, Bingo, no me gusta prohibir, pero hay a quienes les encanta: prohíben los toros, y a los que nos gustan —y que no nos metemos con nadie— nos llaman incultos y cromañones. Lo que sí me gustaría prohibir serían las guerras que matan inocentes, y las armas, y a los que se hacen ricos con la fabricación de armas y cosas parecidas.
Me gustaría que se prohibiera prohibir. Sería interesante ese mundo.
Un amigo, Rafa —que puede que estemos en los extremos del infinito y que, como consecuencia, nos queremos y nos respetamos, porque además es un hombre culto con su mala leche aprendida en la universidad de la vida— cree que eres un chico y no una chica por tu nombre. Pero Rafa sabe que Dios tiene cara femenina, aunque diga que no cree en nada, que ya es creer en algo, Rafa.
También, hoy, San Fermín, es el cumpleaños de mi hermano pequeño: Ramón para los de casa, Alejandro para los de fuera, y Alejandro Ramón cuando la señora Anuncia le declaraba la guerra y los misiles de las zapatillas volaban buscando su destino.
Me siento tan orgulloso de él, como que nuestra madre parió tres y nos educó en que lo más importante es la familia. Y lo llevamos con orgullo.
Bingo, hoy es como la vida: la vida no es en blanco y negro, sino que existen muchos grises.
¿Cómo veis los perros? Vuestro olfato es maravilloso, y también vuestro oído.
Vosotros jugáis a morderos, pero generalmente no apretáis. Hoy hizo el paseo con nosotros hasta el dominio de los mastines, Nerón y SP, pero se dieron la vuelta y se fueron a buscar un puñado de pienso a tu casa.
Mañana, después de nuestro paseo y nuestra conversación, me iré a Alcains a decirle adiós al amigo Carlos.
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Author: Redacción
