Consejos vendo que para mí no tengo: Conversaciones con Bingo.
Esta mañana amaneció fresca. El cielo, que por el Este tenía trazos fauvistas —naranjas y rosados casi rojos—, dejaba pasar los primeros rayos cuando llegué a la dehesa.
Tú me estabas esperando, Bingo, movías el rabo como si se tratara de una bandera al viento. En tu caso, una bandera pirata. Creo que el capitán Esparrot o Drake estarían orgullosos de ella: le faltaba la calavera, pero negra era, negra brillante. Aunque algunos entendidos en pintura digan que el negro no existe… «Para ellos la perra gorda». No, Bingo, no te des por aludida: está el mundo, incluido el perruno, con la sensibilidad a flor de piel.
Mientras mis amigos y compañeros Teresa y Dimas andan por las Merindades, tú y yo seguimos viendo las mismas piedras y los mismos personajes cada día.
El hombre con el sombrero de paja hoy llevaba sobre los hombros un jersey.
—¿Parece que hoy ha echado mano del jersey?
—Pues sí, esta mañana hacía fresco.
Nos cruzamos con él, paso adelante o paso atrás, a la altura del aprisco de Cristina la cabrera, la hija que heredó —sin querer— las cabras del viejo amigo que se fue a buscar mejores pastos.
Mejor lugar y más bello que esta dehesa de Calzadilla, donde los vetones y lusitanos plantaron sus chozos circulares dominando los arroyos… pocos. Y hoy, María José lo convirtió en un precioso destino turístico: Los Chozos Las Flores de la Dehesa.
El hombre del sombrero, del que no sé cómo se llama, nos para —y nos paramos— cada mañana para desearnos buenos días. Hoy me dice:
—En esa alcantarilla hay una cabra muerta de la que están dando cuenta los perros. Hay muchas viejas… y cuando se saben morir, se quedan solas y buscan la oscuridad de los puentes para ver la luz.
Me pareció tan poético aquello de buscar la oscuridad para ver la luz, y servir de alimento o de abono, que me hizo reflexionar. Sabes, Bingo, no hay que mirar atrás, ni siquiera al lado: solo vamos a mirar al frente. Y cuando llegue el momento, que estemos ligeros de equipaje; así, sin arrastrar cargas, pasaremos mejor a otra dimensión.
Es verdad que en muchos casos los consejos no se deberían vender, sino bendar… ¿No lo entiendes? No te preocupes, yo tampoco.
El cielo se va llenando de algodones blancos y grises, atravesados por las estelas de los gases de los motores de los aviones que llevan desconocidos de unos sitios a otros, y a los que deseamos buen viaje.
El aire sigue moviendo las ramas de las encinas, y algunas, también viejas, no lo soportan y caen.
Hoy decidimos aumentar un poco el reto diario y, aunque nos costó, lo conseguimos.
Ayer por la tarde paseé por la vieja dama y fui hasta la Puerta del Perdón. Con esto de los Sanjuanes está todo destrambullado, y se barrunta vida en la parte vieja de la dama. Pero eso será mañana, cuando te lo cuente y conversemos sobre ello.
Se acerca San Antonio de Padua, que era nuestro vecino portugués. Pero este santo cobraba por los milagros… También eso, recuérdamelo.

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Author: Redacción
