Conversaciones con Bingo Volvimos hasta la laguna
Hoy, como parecía que la mañana invitaba al paseo, decidimos volver hasta la laguna donde tú te refrescas y yo huelo el poleo que sigue creciendo en su orilla.
Cuando esta mañana llegaba hasta tu casa, Bingo, un enorme camión estaba siendo cargado con las planchas de corcho que, como vimos ayer, tenían amontonadas junto a ella.
Han aparecido SP y Sara, una perra como tú, border collie, negra como la boca de una mina.
Los dos intentando entrar para comer algo de tu pienso. Hemos vuelto a casa y les hemos dado una ración abundante. ¡Jo, Bingo, lo que es el hambre! Visto y no visto: desapareció el pienso como haría Houdini en uno de sus espectáculos de magia.
En el silencio se escuchaban las voces distantes de las cuadrillas de la saca, y el sonido seco de sus afiladas hachas clavándose en el corcho.
Tus juegos —bastante brutos— con el pobre SP, que si fuera de alambre tendría más carne, me preocupan. Aunque sea jugando, temo que puedas hacerle daño.
Esta madrugada, cuando sonaban las noticias de las cinco, contaban que una chica nacida en una familia española, pasándose por el arco del triunfo los principios constitucionales de igualdad y mérito —su mérito, al parecer, es haberse dado una vuelta de vacaciones en un velero que pagamos todos— ya tiene grado en la Marina, o en la Armada, y en no sé cuántos sitios más, lo que a cualquier hijo de vecino le cuesta años de estudio y sacrificio de sus padres. Y por si no fuera suficientemente insultante para los normales —no sé si también para los perros— en dos días le han dado tres medallas.
¿Ves, Bingo, por qué a veces se me escapa la indignación y me gusta tanto mi otro país, la República Portuguesa? Allí no se hereda y no se ríen de la formación de los demás ni del esfuerzo de todos.
Pero venga, vamos hasta la laguna. Allí rendiremos homenaje a los marineros que, para ganarse el pan, perdieron la vida en temporales y naufragios. Claro, sin reconocimientos ni medallas.
Dicen las leyendas que se cuentan en las casas de la Sierra de la Estrella que, en noches como la de ayer, las almas de los marineros vienen a las lagunas, y que si se presta atención puede oírse la plegaria de sus almas a su patrona, la Virgen del Carmen. También cuentan que en esas noches, cuando las tormentas estallan, las lagunas se comunican con el mar, y por ello pueden verse y oírse desde aquí.
Cada día la laguna nos ofrece un paisaje diferente. El agua se evapora, los animales beben, y se va secando poco a poco. Tú te metes a refrescarte las patas y a beber, mientras yo dejo unas flores azules como homenaje a los hombres del mar.
A mí me gusta el azul, pero también la tricolor. Tú, cuando notas que cerca de tus patas se mueve algún pececillo, saltas y huyes. Yo, en cambio, me rebelo contra las injusticias que otros aplauden.
¡Y al oeste, Portugal! ¿Entiendes por qué la quiero tanto?
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Author: Redacción
